Dolor en las relaciones sexuales: cuándo es una señal de que algo va mal (y qué puedes hacer)

Hay cosas que se aguantan en silencio durante años.

El dolor durante las relaciones sexuales es una de ellas.

Se normaliza. Se minimiza. Se achaca al estrés, a la falta de lubricación, a "que no estás suficientemente relajada". Y así pasan los meses. A veces los años.

Pero el dolor no es normal. Es información.

Lo que nadie te dice en la consulta del ginecólogo

La mayoría de mujeres que llegan a Suelo Pélvico Ibiza® con dolor en las relaciones han pasado antes por varias consultas. Les han dicho que es ansiedad, que usen lubricante, que se relajen.

Nadie les ha explorado el suelo pélvico.

Y ahí está, muchas veces, la respuesta.

El suelo pélvico es el conjunto de músculos, tejidos y ligamentos que forman la base de tu pelvis. Sostiene la vejiga, el útero y el recto. Participa en la micción, la defecación y la función sexual. Cuando algo falla en esa zona, el cuerpo avisa. Y una de las formas más frecuentes de avisar es el dolor.

Las dos causas más frecuentes que nadie explica

Hipertonía del suelo pélvico

Cuando los músculos del suelo pélvico están en tensión constante, no pueden relajarse con normalidad. La penetración se vuelve dolorosa. A veces imposible.

No es un problema psicológico. Es un problema muscular. Y tiene tratamiento.

Esta tensión puede aparecer por muchas razones: estrés acumulado, posturas mantenidas, cicatrices de partos anteriores, historia de dolor previo que genera anticipación y contracción involuntaria.

Vaginismo

El vaginismo es una contracción involuntaria de los músculos de la entrada vaginal. No lo controlas. No es voluntario. No es "que no quieres".

Es una respuesta del sistema nervioso que en algún momento aprendió a protegerte y ahora no sabe cómo parar.

Se trabaja. Con fisioterapia, con tiempo, con un enfoque que no juzga y que no tiene prisa.

Lo que me cuentan mis pacientes

"Pensé que era la única."

Eso me dicen casi todas cuando se sientan por primera vez en la camilla.

Una mujer de 34 años llevaba dos años evitando las relaciones sexuales con su pareja. Había probado lubricantes, cremas, había ido al ginecólogo dos veces. Le dijeron que estaba bien.

No estaba bien. Tenía una hipertonía severa del suelo pélvico con puntos gatillo que nadie había explorado.

En pocas semanas de tratamiento, el dolor empezó a remitir.

No siempre es tan rápido. Pero siempre hay camino.

Señales que no deberías ignorar

El dolor en las relaciones sexuales no es el único síntoma de que algo pasa en el suelo pélvico. Hay otros que a menudo se pasan por alto:

Escozor o quemazón durante o después de las relaciones. No siempre es una infección. A veces es tensión muscular o sequedad asociada a un suelo pélvico que no funciona bien.

Dolor a la entrada vaginal. Diferente al dolor más profundo. Suele indicar hipertonía o vaginismo.

Dificultad para usar tampones o copa menstrual. Cuando los músculos no se relajan, lo que debería ser sencillo se convierte en algo imposible.

Dolor pélvico que no tiene explicación ginecológica. Si todas las pruebas salen bien pero el dolor sigue, el suelo pélvico puede ser la pieza que falta.

Por qué el enfoque importa tanto

El dolor en las relaciones sexuales tiene una carga emocional enorme.

Afecta a la autoestima. A la pareja. A cómo te relacionas con tu propio cuerpo. Muchas mujeres llegan con vergüenza, con culpa, con la sensación de que algo está roto en ellas.

No está roto nada.

Hay algo que no funciona como debería y que tiene solución. Eso es todo.

En Suelo Pélvico Ibiza® trabajamos este tipo de disfunciones con el respeto y la discreción que merecen. La valoración inicial es el primer paso para entender qué está pasando exactamente en tu caso.

Sin juicios. Sin prisa. Con la información que nadie te había dado.

Si llevas tiempo conviviendo con el dolor y has dejado de buscar respuestas porque nadie te las ha dado, esto es para ti.

No tienes que resignarte.

El dolor en las relaciones sexuales no es parte del trato. No es algo que venga con ser mujer. No es cosa de la edad ni del estrés.

Es una señal. Y las señales están para escucharlas.

Si quieres empezar a entender qué le pasa a tu cuerpo, escríbeme. Sin compromiso. Solo para hablar.

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